viernes, 11 de noviembre de 2011

1978, The lord of the rings (en dibujos)

Hoy hemos visto en clase algunos libros sobre el mundo de Tolkien. Nos hemos dado cuenta de la cantidad de cosas bellas que pueden surgir de la imaginación. La fantasía amplía nuestro mundo y en algunas ocasiones lo mejora haciéndolo más divertido. Hemos visto, como curiosidad, un primer intento de llevar El Señor de los Anillos al cine. Ahora es una película de culto.
 Hace ya muchos años, cuando empecé con esto de la animación a la lectura, veíamos en vídeo esta película. Dedicábamos una tarde a viajar con Frodo, Bilbo, Gandalf y compañía. Ahora tenemos la trilogía y en breve aparecerá El hobbit. Pero lo más importante es que nos encontremos con esta gran obra de la literatura.
Os invito a ver un poco de esta película de dibujos.
A mi me encanta. Me parece muy bonita y entretenida.
Además, creo que en las películas se han copiado muchas de las ideas que aparecen aquí.
A por las palomitas.

Aegidius Ahenobarbus Julius Agrícola de Hammo


Esta es la lectura para estos tiempos de fantasía. Es un relato, relativamente corto, de J. R. R. Tolkien, ya sabéis, el escritor del Señor de los anillos, el hobbit, ... que lo disfrutéis.

Egidio, el granjero de Ham
PRIMERA PARTE

Egidio de Ham era un hombre que vivía en la región central de la isla de Bretaña. Su nombre completo era Aegidius Ahenobarbus Julius Agrícola de Hammo; porque la gente ostentaba pomposos nombres en aquellos tiempos ahora tan lejanos, cuando esta isla estaba aún, por fortuna, dividida en numerosos reinos. Había entonces más sosiego y menos habitantes, así que la mayoría eran personajes distinguidos. Aquellos tiempos, sin embargo, han pasado, y de ahora en adelante citaré al protagonista por la forma abreviada y popular de su nombre: era el granjero Egidio de Ham, y tenía la barba pelirroja. Ham no era más que un pueblo, pero en aquellos días los pueblos eran orgullosos e independientes. 

Egidio el granjero tenía un perro. El nombre del perro era Garm. Los perros tenían que conformarse con nombres cortos en lengua vernácula; el latín culto quedaba reservado para sus dueños. Garm no sabía hablar ni siquiera el latín macarrónico; pero como la mayoría de los perros de su tiempo, podía usar la lengua popular tanto para amenazar como para fanfarronear o adular. Las amenazas quedaban reservadas para los mendigos y los intrusos, la fanfarronería para otros perros y la adulación para su dueño. Garm sentía al mismo orgullo y temor ante Egidio, que sabía amenazar y fanfarronear mejor que él. 

Aquella no era época de prisas ni ajetreos. El ajetreo tiene poco que ver con los negocios. La gente hacía su labor sin apresurarse y encontraba tiempo tanto para hacer un montón de trabajo como para charlar largo y tendido. Se conversaba mucho, porque con frecuencia se producían sucesos memorables. Pero en el momento en que comienza nuestra historia hacía bastante tiempo en realidad que nada digno de mención había sucedido en Ham, cosa que a Egidio el granjero le venía que ni pintada: era un tipo bastante cachazudo, muy suyo y preocupado sólo de sus propios asuntos. Tenía bastante, decía, con mantener al lobo lejos de la puerta, es decir, mantenerse tan rollizo y confortable como su padre lo había estado. El perro se desvivía por ayudarle. Ninguno de los dos prestaba mucha atención al ancho mundo de más allá de sus tierras, del pueblo y del mercado más cercano. 

Pero el Mundo Exterior estaba allí. El bosque no quedaba muy lejos, y en la distancia, al oeste y al norte, estaban las Colinas Salvajes y las inquietantes comarcas de la Montaña. Y, entre otras cosas, aún había gigantes sueltos: gente ruda y sin civilizar, que en ocasiones causaba problemas. Había uno en particular más grande y estúpido que el resto de sus congéneres. No hallo mención de su nombre en las crónicas, pero tampoco importa. Era enorme; su bastón era como un árbol, y su andar pesado. Apartaba los olmos a su paso como si fuesen hierbas secas; era la ruina de los caminos y la plaga de los huertos, pues sus inmensos pies hacían en ellos unos hoyos tan profundos como pozos; si tropezaba con una casa, terminaba con ella. Y causaba estos daños por dondequiera que iba, ya que su cabeza quedaba muy por encima de los tejados y dejaba que sus pies se cuidasen de sí mismos. Era corto de vista y un poco sordo. Por fortuna, vivía bastante lejos, en la Montaña, y rara vez visitaba las tierras que los hombres habitaban; al menos no lo hacía adrede. Tenía una gran casa medio arruinada en lo alto de un monte, y contaba con pocos amigos debido a su sordera y estupidez, y a la escasez de gigantes. Solía pasearse solo por las Colinas Salvajes y las desiertas estribaciones de la Montaña. Continuará.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La "novedad" de la semana: Los 3i

Hace ya un tiempo hablamos en "La biblioteca del capitán Nemo" de unos libros antiguos sobre tres investigadores jovencitos que, cual detectives, resolvían casos extraños o curiosos. La colección estaba compuesta por muchos libros, todos ellos titulados "Los tres investigadores" y, seguidamente, el caso concreto, por ejemplo: Las huellas flameantes, el loro tartamudo, la cueva de los lamentos, el caballo decapitado o el del espantapájaros siniestro (uno de los que recuerdo). Si queréis leer todos los títulos están en wikipedia (cómo no). Bueno, a lo que iba. Como todo buen aficionado a los libros, suelo pasearme sin rumbo ni propósito por algunas librerías, curioseando, mirando, leyendo,... pues estaba disfrutando del rato cuando me he topado con un libro de los tres investigadores. Una edición nueva, con pasta dura, gordota, con el sugerente título de "Los tres investigadores: Los mejores casos". Me han entrado ganas de llevármelo, pero habrá que esperar a ver si los Reyes Magos se acuerdan de mí.
Para todos vosotros, que también disfrutáis con un buen misterio, ya sabéis, Jupiter, Pete y Robert os esperan para comenzar la aventura en cuanto queráis.

Más altoooo!!!

© Liniers

Un pequeño tesoro verde

Por, El gran mago Jenkins
No sé muy bien la razón. Este es uno de los libros que necesito tener cerca. Es uno de esos caprichos que uno tiene y que le sirven para controlar, desde la fantasía, los problemas, a veces demasiado reales de la realidad. Es un libro con tres historias. Las tres me gustan. Las tres las he leído infinidad de veces. Y no me canso. Recuerdo que me lo compraron mis padres una vez que fuimos de compras a un centro comercial cuyo nombre no recuerdo. Lo que si recuerdo es la emoción que me causó tenerlo. Tan poca cosa, tan verde, con esas hojas de adorno y las letras amarillas con formas medievales. Tolkien está condensado en estas páginas. En muchos casos creo, no soy un experto, que es el Tolkien real, el más cercano, el amante de los árboles y de la vida tranquila el que escribe estas líneas. Me doy cuenta de que quizá estos relatos eran para él un descanso, un testamento, un capricho. Me lo imagino como a Bilbo, sentado en su sillón escribiendo con una sonrisa en la boca. Es una hoja del gran árbol que es su obra, pero una hoja maravillosa, con mil matices de verde, dispuesta a darnos todo si nos paramos unos minutos a mirarla. Ojalá disfrutéis estos relatos. En los tiempos de los libros electrónicos es bueno seguir comprando algún libro que nos sirva para tocar, de verdad, la fantasía.

¿Lo puedes entender?

© Michael Ende (lee sus libros, te van a encantar)
Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay. 
La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros. Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado... 
Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito... 
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido... 
Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.
Extracto del libro: La historia interminable.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¿Qué crees que está leyendo?

¿Qué libro estará leyendo Frodo?
Seguramente será un libro de aventuras.
Seguramente estará lleno de magia.
Se podría tratar de un libro sobre dragones.
O un libro de historia.
O uno de cocina.

¿Tú qué crees? 
Si mandas un comentario con una sugerencia interesante la añadimos a la lista. 
Venga, a imaginar.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Capítulo 8: Fórmula 86. Ratonizador de Acción Retardada


"Las brujas" - Roald Dahl
¡Los niños son rrrepulsivos! —gritó La Gran Bruja—. ¡Nos desharremos de ellos! ¡Los borrrarremos de la fas de la tierrra! ¡Los echarremos por los desagües!
¡Sí, sí! —entonó el público—. ¡Deshacernos de ellos! ¡Borrarlos de la faz de la tierra! ¡Echarlos por el desagüe!
¡Los niños son asquerrosos y rrrepugnantes! —vociferó La Gran Bruja.
¡Sí, sí! —corearon las brujas inglesas—. ¡Son asquerosos y repugnantes!
¡Los niños son sucios y apestosos! —chilló La Gran Bruja.
¡Sucios y apestosos! —gritaron ellas, cada vez más excitadas.
¡Los niños huelen a caca de perrrol —chirrió La Gran Bruja.
¡Buuuuu! —gritó el público—. ¡Buuuuu! ¡Buuuuu! ¡Buuuuu!
¡Peor que la caca de perrro! —chirrió La Gran Bruja—. ¡La caca de perrro huele a violetas y a rrrosas comparrada con los niños!
¡Violetas y rosas! —canturreó el público. Aplaudían y vitoreaban casi cada palabra pronunciada desde la tarima. La oradora las tenía completamente fascinadas.
¡Hablarr de los niños me da ganas de vomitarr! —chilló La Gran Bruja—. ¡Sólo pensarr en ellos me da ganas de vomitarr! ¡Trraedme una palangana!
La Gran Bruja hizo una pausa y lanzó una mirada feroz a la masa de caras ansiosas. Ellas esperaban más.
Así que ahorra... —ladró La Gran Bruja—. ¡Ahorra tengo un plan! ¡Tengo un plan guigantesco para librrarrnos de todos los niños de Inclaterra!
Las brujas emitieron sonidos entrecortados y boquearon. Se miraron entre sí y se dedicaron vampíricas sonrisas de emoción.
¡Sí! —vociferó La Gran Bruja—. Les vamos a darr de garrotasos y de latigasos y vamos a hacerr desaparrrecerr a todos esos malolientes enanos de Inclaterrra, ¡de un golpe!
¡Yuupii! —gritaron las brujas, aplaudiendo—. ¡Sois genial, oh, Grandeza! ¡Sois fantabulosa!
¡Callarros y escuchad! —gritó La Gran Bruja—. ¡Escuchad con mucha atención y que no haya malentendidos!
El público se inclinó hacia adelante, ansiosas por saber cómo se iba a realizar este prodigio.
Todas y cada una de vosotrras —tronó La Gran Bruja— tiene que volverr a su ciudad inmediatamente y rrenunciarr a su trrabajo. ¡Dimitid! ¡Rrretirraos!
¡Sí! —gritaron—. ¡Lo haremos! ¡Renunciaremos a nuestros trabajos!
Y después de que hayáis degado vuestrros puestos —continuó La Gran Bruja—, cada una de vosotrras saldrrá a comprrarr...
Hizo una pausa.
¿A comprar qué? —gritaron—. Decidnos, oh genio, ¿qué debemos comprar?
¡Confiterrías! —gritó La Gran Bruja.
¡Confiterías! ¡Vamos a comprar confiterías! ¡Qué truco tan brillante!
Cada una de vosotrras se comprrarrá una confiterría. Comprrarréis las megorres y más rrrespetables confiterrías de Inclaterra.
¡Sí! ¡Sí! —le contestaron.
Sus horrorosas voces eran como un coro de tornos de dentistas taladrando todos juntos.
No quierro confiterrías de trres al cuarrto, de esas pequeñitas y abarrrotadas, que venden tabaco y perriódicos —gritó La Gran Bruja—. Quierro que comprréis sólo las megorres tiendas, llenas hasta amiba con pilas y pilas de deliciosos carramelos y exquisitos bombones.
¡Las mejores! —gritaron—. ¡Compraremos las mejores confiterías de cada ciudad!
No tendrréis dificultad en conseguirr lo que querréis —gritó la Gran Bruja— porrque ofrrecerréis cuatrro veces más de lo que valen y nadie rrrechasa esa oferrta. El dinerro no es prroblema parra nosotrras las brugas, como ya sabéis. Me he trraído seis baúles llenos de billetes nuevecitos y crrugientes. Y todos —añadió con una risita siniestra—, todos hechos en casa.
Las brujas del público sonrieron, apreciando la broma.
En ese momento, una estúpida bruja se puso tan excitada ante las posibilidades que ofrecía el ser propietaria de una confitería que se levantó de un salto y gritó:
¡Los niños vendrán a mi tienda como borregos y yo les daré caramelos y bombones envenenados y morirán como cucarachas!
La sala se quedó silenciosa de pronto. Yo VI que el diminuto cuerpo de La Gran Bruja se ponía rígido de rabia.
¿Quién ha dicho eso? —aulló—. ¡Has sido tú! ¡La de allí!
La culpable volvió a sentarse rápidamente y se tapó la cara con sus manos como garras.
¡Tú, rrrematada imbécil! —chirrió La Gran Bruja—. ¡Tú, espantago sin seso! ¿No te das cuenta de que si vas porr ahí envenenando niños, te coguerrán a los cinco minutos? ¡Nunca en mi vida he oído semegante chorrrada sugerrida porr una bruga!
Todas las demás brujas se echaron a temblar. Estoy seguro de que pensaron, como yo, que las terribles chispas candentes iban a empezar a volar otra vez.
Curiosamente, no fue así.
Si semegante tonterría es lo único que se os ocurrre —tronó La Gran Bruja—, no me extraña que Inclaterra siga estando infestada de asquerrosos chiquillos.
Hubo otro silencio. La Gran Bruja miró con ferocidad a su público.
¿No sabéis —les gritó— que las brugas sólo trrabagamos con maguía?
Lo sabemos, Vuestra Grandeza —contestaron todas—. ¡Por supuesto que lo sabemos!
La Gran Bruja se frotó las huesudas manos enguantadas y gritó:
¡Así que cada una de vosotrras serrá prropietarria de una magnífica confiterría! ¡El siguiente paso es que cada una anunciarrá en el escaparrate de su tienda que en cierrta fecha serrá la Grran Inaugurración y habrrá carramelos y bombones grratis parra todos los niños!
¡Acudirán como moscas, esos brutos glotones! —gritaron las brujas—. ¡Se pegarán por entrar!
Luego —continuó La Gran Bruja—, os prreparrarréis parra la Grran Inaugurración poniendo en todos los carramelos, bombones y pasteles de vuestrras tiendas ¡mi última y más grrandiosa fórrmula máguica! ¡Se llama FORRMULA86, RRATONISADORR DE ACCION RRETARRDADA!
¡Ratonizador de Acción Retardada! —corearon todas—. ¡Ha vuelto a conseguirlo! ¡Su Grandeza ha confeccionado otro de sus maravillosos niñicidas! ¿Cómo se prepara, oh Genial Maestra?
Eguerrcitad la paciencia —respondió La Gran Bruja—. Primero, voy a explicarros cómo funciona mi Fórrmula 86. Rratonisadorr de Acción Rretarrdada. ¡Escuchad con atención!
¡Os escuchamos! —vocearon las otras, que ahora estaban saltando en sus sillas, de pura excitación.
El Rratonisadorr de Acción Rretarrdada es un líquido verrde —explicó La Gran Bruja— y con una sola gotita en cada carramelo o bombón serrá suficiente. Esto es lo que sucede:
»El niño come un bombón que contiene Rratonisadorr de Acción Rretarrdada...
»El niño se va a su casa encontrrándose bien...
»El niño se acuesta, encontrrándose bien aún...
»El niño se levanta porr la mañana, y sigue estando bien...
»El niño se marrcha al coleguio, y todavía está normal...
»La fórrmula, ¿comprrendéis?, es de acción rretarrdada, y todavía no le hace efecto.
¡Comprendemos, oh Talentuda! —gritaron las otras—. Pero, ¿cuándo empieza a hacer efecto?
¡Empiesa a hacerr efecto a las nueve en punto, cuando el niño está llegando al coleguio! —gritó La Gran Bruja, triunfante—. El niño llega al coleguio. El Rratonisadorr de Acción Rretarrdada empieza a hacerr efecto rrápidamente. El niño comiensa a encoguerrse. Comiensa a salirrle pelo porr el cuerrpo. Comiensa a crrecerrle un rrabo. Todo esto sucede en veintiséis segundos exactamente. Después de veintiséis segundos, el niño ya no es un niño. ¡Es un rratón!
¡Un ratón! —gritaron las brujas—. ¡Qué idea tan fantabulosa!
¡Las clases serrán un herrviderro de rratones! ¡Rreinarrá el caos en todos los coleguios de Inclaterra! ¡Los prrofesorres se pondrrán a darr brrincos! ¡Las prrofesorras se subirrán a los pupitrres levantándose las faldas y chillando «Socorrro, socorrro, socorrro»!
¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! —vociferaron las otras.
¿Y qué sucederrá a continuación en todos los coleguios? —gritó La Gran Bruja.
¡Decídnoslo! —clamaron—. ¡Decídnoslo, oh Talentuda!
La Gran Bruja estiró su escuálido cuello y sonrió a su público, mostrando dos hileras de dientes puntiagudos y ligeramente azulados. Alzó aún más la voz y gritó:
¡Aparrecen las rrratonerras!
¡Ratoneras! —exclamaron las brujas.
¡Y el queso! —gritó La Gran Bruja—. ¡Todos los prrofesorres corrren de acá parra allá comprrando ratoneras, poniéndoles el queso y colocándolas porr todas parrtes! ¡Los rratones mordisquean el queso! ¡Los muelles saltan! ¡Porr todo el colegio, las ratoneras hacen clac y las cabesas de los ratones ruedan porr el suelo como canicas! ¡En todo Inclaterrra, se oirrá el chasquido de las rrratonerras!
Al llegar a este punto, la horrenda Gran Bruja empezó a bailar una especie de danza brujeril de un lado a otro de la tarima, golpeando el suelo con los pies y dando palmas. Todo el público acompaño las palmas y el pateo. Armaban un estruendo tan grande que yo pensé que, seguramente, el señor Stringer lo oiría y vendría a llamar a la puerta. Pero no fue así.
Entonces, por encima del ruido, oí a La Gran Bruja cantando a voz en cuello una perversa canción:
¡A los niños hay que destrruirr,
herrvirr sus huesos y su piel jrreírrl
¡Desmenuzadlos y trriturradiós,
estrrugadlos y machacadlos!
Con polvos maguicos dadles bombones,
decidles «come» a los muy glotones.
Llenadles bien de dulces prringosos
y de pasteles empalagosos.
Al día siguiente, tontos, tontuelas,
irrán los niños a sus escuelas.
Se pone rroga cual amapola
una niñita: «¡Me sale cola!».
Un niño pone carra de lelo
Y grrita: «¡Auxilio, me sale pelo!».
Y otrro berrea al poco rrato:
«¡Tengo bigotes como de gato!».
Un niño alto dice guimiendo:
«¡Cielos, ¿qué pasa?, estoy encoguiendo!».
Todos los niños y las niñitas
en vez de brrasos tienen patitas,
y de rrepente, en un instante,
sólo hay rratones, ningún infante.
En los coleguios sólo hay rratones
corrreteando por los rrincones.
Enloquecidos, los prrofesorres
grritan: «¿Por qué hay tantos rroedorres?».
A los pupitrres suben ansiosos
y chillan: «¡Fuerra, bichos odiosos!».
«¡Que alguien traiga una rratonerra!».
«¡Trraed el queso de la queserra!».
Las rratonerras tienen un muelle fuerrte
que salta y que suena a muerrte,
y su sonido es tan musical...
¡Es una música celestial!
Rratones muerrtos porr todas parrte
grracias a nuestrras perrverrsas arrtes.
Los prrofes buscan con grran carriño,
perro no encuentrran un solo niño.
Grritan a corrro: «¿Adonde han ido
todos los niños, qué ha sucedido?».
«Es en verdad un extraño caso,
¿dónde se ha visto tanto rretrraso?».
Los prrofes ya no saben qué hacerr,
algunos se sientan a leerr,
y otros echan a la basurra
a los rratones con grran prremurra
¡MIENTRRAS LAS BRUGAS GRRITAMOS HURRRA¡
Próximo capítulo: La receta (dentro de muy poco)

viernes, 4 de noviembre de 2011

De sobrinos y magos

Hoy en clase hemos hablado del Señor de los anillos. Ha salido el nombre de Bilbo que vive con su sobrino Frodo (todos conocéis la historia, bueno, sólo si habéis leído el libro, con ver la película no vale), también tenemos a un mago, Gandalf. Ahora María, una de mis alumnas, nos propone una parte del primer libro de la serie de Narnia. De sobrinos y magos va la historia. A ver si nos engancha.

Profesor, voy a poner una parte del primer libro de las crónica de Narnia, que es un libro de fantasía y me gusta mucho: EL SOBRINO DEL MAGO Obligado a trasladarse a casa de sus tíos debido a la enfermedad de su madre, Digory está a punto de descubrir que, a veces, las peores perspectivas pueden transformarse en una excitante aventura. Junto a su nueva amiga Polly se verá arrastrado por su tío, un mago huraño y antipático, a un mundo paralelo donde despertarán a una poderosa y malvada bruja que tratará de convertirlos en sus esclavos. Pero la llegada del león Aslan resultará providencial, y mientras éste teje con sus canciones el mundo mágico de Narnia, los dos niños aprenderán el verdadero valor de la lealtad. Bueno, esto es un pequeño resumen del libro, espero que os guste :)

Un sitio genial a donde ir de vacaciones

© Liniers