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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Los adoradores del fuego (sagrado)

El libro de las maravillas
Marco Polo
Siempre me ha gustado esta historia.

Dejemos a Tauris y pasemos a Persia

La Persia era antiguamente una inmensa provincia, noble e importante, pero en el presente los tártaros la han destruido y diezmado. En Persia se halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes Magos cuando vinieron a adorar a Jesucristo. En esta ciudad están enterrados en tres grandes y magníficos sepulcros. Encima de los cenotafios hay un templete cuadrado, muy bien labrado. Estos sepulcros se hallan el uno junto al otro. Los cuerpos de los Reyes están intactos, con sus barbas y sus cabellos. El uno se llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor. Micer Marcos interrogó a varias personas con respecto a estos tres Reyes Magos, y nadie supo dar razón de ellos, exceptuando que eran Reyes y fueron sepultados ahí en la Antigüedad. Pero os voy a referir lo que averiguó más tarde sobre el particular: Un poco más lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar llamado Cala Atapereistan, lo que en español significa: «Castillo de los adoradores del fuego.» Y esto es la verdad, pues estos hombres adoran el fuego. Os diré por qué lo adoran: Las gentes de ese castillo cuentan que en la Antigüedad tres Reyes de esta región fueron a adorar a un profeta que acababa de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la mirra, para saber si ese profeta era Dios, rey terrestre o médico, pues dijeron que si tomaba el oro, era rey terrenal; si el incienso, era un Dios; si la mirra, entonces era un médico. Cuando llegaron al sitio en donde había nacido el niño, el más joven de los Reyes se destacó de la caravana y fue solo a ver al niño y vio que era semejante a él, pues tenía su edad y estaba hecho como él, y esto lo llenó de asombro. Luego fue el segundo de los Reyes, que era de la misma edad, y contestó lo mismo. Y creció al punto su sorpresa. Por fin, fue el tercero, que era el más anciano, y le sucedió lo que a los otros dos.Y quedáronse pensativos... Cuando se reunieron se contaron uno a otro lo que habían visto y se maravillaron de ello. Entonces decidieron ir los tres a un tiempo, encontrando al niño del tamaño y edad que le correspondía (pues no tenía más que trece días). Ante él se postraron ofreciéndole oro, incienso y mirra. El niño cogió las tres cosas y, en cambio, les entregó un cofrecillo cerrado. Los Reyes Magos volvieron después de esto a sus respectivos países.

Relación de los Reyes Magos que vinieron a adorar a Dios

Cuando hubieron cabalgado algunas jornadas, se dijeron que querían ver lo que el niño les había dado. Abriendo el cofrecillo, se encontraron que contenía una piedra. Sorprendidos, preguntáronse qué significaría aquello, pues habiendo el niño cogido las tres ofrendas,comprendieron los Reyes que el niño era Dios, Rey terrestre y Médico, y debía de tener aquello un sentido oculto, y, en efecto, el niño dio a los tres Reyes la piedra, significándoles que fueran firmes y constantes en su fe. Los tres Reyes tomaron la piedra y la echaron a un pozo, ignorando aún su significado, y cuando la piedra cayó al pozo, un fuego ardiente bajó del cielo y penetró en el pozo. Cuando lo vieron los Reyes, quedaron estupefactos y se arrepintieron de haber tirado la piedra, pues era un talismán. Cogieron del fuego que salía del pozo para llevarlo a sus respectivos países y ponerlo en un magnífico y rico templo. Y desde entonces está ardiendo y le adoran como si fuera un dios. Y los sacrificios y holocaustos que hacen son con ese fuego sagrado. Jamás toman de otro fuego que no sea de este maravilloso, caminando leguas y leguas para conseguirlo, cuando se les acaba, por la razón que ya os dije.Y son numerosos los que adoran el fuego en esta región. Todo esto le contaron a mi señor Marco Polo, y también de que los tres Reyes Magos el uno era de Sava, el otro de Ava y el tercero de Cashan. Y ahora que os he contado esta historia os citaré otras ciudades de la Persia, sus costumbres y gestas.

lunes, 10 de octubre de 2011

La luciérnaga y el niño

El viernes pasado, en clase, empezamos a aprender algunos trucos para escribir. Escribir no es sencillo, pero existen algunas técnicas que nos pueden ayudar a la hora de empezar. Muchos conoceréis a un autor que se llama Gianni Rodari. Pues bien, Gianni, nos ha enseñado a jugar con las palabras y nos plantea las reglas del juego. Por ejemplo, el binomio fantástico, elige dos palabras al azar y con ellas construye una fantasía que las relacione. Es muy divertido. Por ejemplo, con las palabras "luciérnaga" y "niño". ¿Qué escribirías?
A continuación os pongo un texto que aparece en el libro de Rodari "Juegos de fantasía" y lo escribió un niño utilizando esa técnica (advierto que es una historia algo triste). Animo a todos a escribir sus propias historias. Es una buena manera de valorar el tremendo esfuerzo que hacen los autores para hacernos felices con sus libros. M.J.

La luciérnaga y el niño

Había una vez un niño que no tenía padre ni madre, y estaba muy triste. Entonces todas la noches se asomaba al balcón y así hizo amistad con una luciérnaga que brillaba en la oscuridad y le hablaba y le contaba sus penas.
Un día el niño cayó enfermo, perdió la vista y lo llevaron al hospital. Una semana después, lo operaron y lo primero que vio fue la luciérnaga toda encendida.
Por el esfuerzo que hizo para brillar de día, la luciérnaga se murió, pero murió feliz de haber dado su vida por la felicidad de un amigo.


jueves, 6 de octubre de 2011

Ahí está mi corazón

PINTURA DE THEODOR KITTELSEN

"Tan lejos que no te puedes imaginar, tan alto que no se puede alcanzar, en una montaña, en la montaña hay un lago, en ese lago una isla, en la isla una iglesia, en la iglesia un pozo y en el pozo un pato, en el pato un huevo y en el huevo ahí está mi corazón".
Este es un fragmento maravilloso de un cuento. 
¿Sabes de qué cuento se trata?

martes, 4 de octubre de 2011

5, 4, 3, 2,... 1.



A continuación os dejo un cuentecillo humorístico de la autora Laura Gallego. He descubierto que en su web hay mucho que leer. Además de las referencias a sus libros famosos también hay textos que han aparecido en revistas y que son difíciles de encontrar. Para los que quieran descubrir a esta gran autora y pasar un buen rato visitad: http://www.lauragallego.com/ 

Cinco goblins
© Laura Gallego García

Cinco goblins aguardaban al borde del camino.
Tenían las armas listas; se habían ocultado entre los cardos y los matojos porque sabían de buena
tinta que por allí tenía que pasar una comitiva con carro de oro incluido. Y, por supuesto, esperaban
para asaltarla.
-¿Cuándo llega? -preguntó uno al jefecillo.
-¡Y yo qué sé! Pregúntaselo a alguien.
El goblin estaba harto de esperar, así que decidió seguir el consejo del jefe.
Oyó ruido de cascos acercándose, y saltó al centro del camino, dispuesto a preguntarle al
caminante si tardaría mucho en llegar la comitiva con el tesoro.
Era un jinete que llevaba una prisa endiablada, y su caballo corría como el viento. El goblin
preguntón alzó una mano.
-¡Disculpa, viajero! -dijo-. Quisiera saber…
¡Chaf!
Cuatro goblins aguardaban al borde del camino.
El jefecillo se estaba mosqueando ya. La comitiva se retrasaba. Para no aburrirse, pasó revista a su
tropa. Uno se hurgaba las narices y se entretenía haciendo bolitas con el material que extraía de ellas;
otro se había quitado un zapato mugriento y se rascaba un apestoso pie; y el tercero se había tumbado
a dormir sobre la hierba. Sus ronquidos habrían alertado a todos los sordos en diez kilómetros a la
redonda.
-¡A ver, tropa! -gritó el jefecillo-. ¡Firmes!
El que se rascaba los pies se levantó de improviso, y empujó sin querer al de las narices sin
sustancia, que gritó, muy mosqueado:
-¡Oye, tú!
Y empujó al de los pies, que cayó, sin ceremonias, sobre una enorme boñiga de vaca.
-¿Pero qué tripa se te ha roto?
Los dos comenzaron a pelearse, mientras el jefecillo trataba de poner paz y el cuarto goblin seguía
durmiendo.
-¡A ver, vosotros, ya está bien!
Uno de los dos se detuvo al oír la voz de su jefe. El otro, con muy mala sombra, aprovechó esta
distracción para abrirle la cocorota con su pequeña pero contundente maza.
Tres goblins aguardaban al borde del camino.
El jefecillo estaba desesperado. La comitiva no llegaba, y sus tripas empezaban a rugir de mala
manera. Señaló a uno de los suyos (porque el otro seguía durmiendo):
-¡A ver, tú!
-¿Ein?
-Sí, tú. Trae algo de comer.
El goblin miró al jefecillo con desconfianza. Si se iba y llegaba la comitiva en aquel momento, se
quedaría sin el botín. Hizo un ensayo de rebelión:
-¿Y si no quiero?
El jefecillo le dio una patada en el trasero y lo mandó a freír espárragos. El goblin, frotándose las
posaderas magulladas, se internó en el bosque, refunfuñando. Todavía olía a boñiga de vaca, y llegó a
la interesante conclusión de que, donde había boñiga de vaca, también tenía que haber vacas. Así que
se puso a buscarlas. Llegó a un prado y vio a lo lejos algo que se movía. Era grande y gordo, y tenía
rabo y cuernos. Definitivamente, se parecía a una vaca.Cinco goblins – © Laura Gallego García
Como el goblin no sabía cuánta hambre tenía su jefe, decidió llevarle la vaca entera, con cuernos y
todo. Así que escogió una rama bastante gruesa, se acercó por detrás y ¡pum!, le pegó en el trasero
sin compasión, para hacerla andar.
La vaca volvió la cabeza hacia él, muy lentamente, y lo miró con odio.
El goblin se dio cuenta entonces de que no era una vaca corriente: no tenía ubres.
-Oh-oh… -dijo el goblin.
Dos goblins aguardaban al borde del camino.
El jefecillo, además de estar muy aburrido, ya no podía acallar el terrible rugido de sus tripas.
Decidió volver a pasar revista a la tropa para matar el aburrimiento (que no el hambre) y descubrió
que todo su grupo se había visto drásticamente reducido a un individuo que roncaba al pie de un
alcornoque.
Lo despertó de un puntapié.
-¡Eh, tú!
-¿Ein?
-¿Y los demás?
El goblin se levantó lentamente e intentó ponerse en situación. Miró a su alrededor buscando a los
demás goblins, y vio a uno que asomaba semioculto en un matorral, con la cabeza abierta de un
golpe. También vio los restos de otro en medio del camino. Y al tercero no lo vio.
-Esto… -empezó, pero las tripas del jefe rugieron de tal modo que le impidieron seguir hablando.
-¡Vete a buscar algo de comer!  -aulló el jefe-. Y, de  paso, si encuentras al otro, lo mandas para
acá.
El goblin se rascó la cabeza, confuso: era una orden compleja, es decir, parecían dos órdenes, una
detrás de otra. Y las dos tenían muchas palabras.
El jefe se dio cuenta de que había topado con el más estúpido de la tropa; tenía que elegir entre la
una y la otra, porque, si no, era probable que el goblin no cumpliese ninguna. ¿Qué hacer? ¿Comida o
el goblin que le faltaba?
Meditó. Estaba allí para hacer un trabajo. La comitiva estaba a punto de llegar, y tenía que
asaltarla y conseguir el botín, así que debía actuar como lo haría un buen jefe, es decir, de modo
responsable.
-Trae comida -le ordenó finalmente al otro goblin.
Y es que con el estómago vacío uno no puede pensar en el plan.
El goblin estúpido obedeció sin poner pegas y se adentró en el bosque en busca de comida. Como
fue en una dirección distinta a la que había tomado su compañero, tuvo la suerte de no toparse con el
toro de la pradera, pero vio algo mucho peor: un arbusto cargado de bayas dulces  hasta reventar. El
goblin pensó que no había nada de malo en comer un poco antes de volver con el jefe, y atacó el
arbusto sin contemplaciones. Comió y comió, y al final una indigestión lo dejó tieso allí mismo.
Un goblin aguardaba al borde del camino.
Estaba bastante cabreado porque se había quedado solo, pero su enfado desapareció como por arte
de magia cuando oyó que la comitiva ya se acercaba por el camino.
-¡Todo el botín será mío! -se dijo, frotándose las manos.
En cuanto se acercaron los primeros guardias, el goblin saltó en medio del camino apuntándoles
con la ballesta.
-¡La bolsa o la vida! -gritó.
Los guardias lo miraron y se encogieron de hombros. Enseguida, el jefecillo goblin se encontró
con un montón de flechas apuntándole.
Se preguntó qué había salido mal: ¡su plan era perfecto!
Demasiado tarde se dio cuenta de que el fallo radicaba en que él estaba solo, y su plan era
perfecto… para cinco goblins.

martes, 27 de septiembre de 2011

Un cuento corto

-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!
La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!
-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.
I.A. Ireland

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cuentos del mundo: Ruslán y Ludmila

En una playa próxima a cierto golfo crece un robusto y verde roble. Un gato sabio, sujeto al tronco por una cadena de oro, da vueltas sin cesar en torno a él. Cuando corre a la derecha, entona una canción y cuando corre a la izquierda se pone a contar un cuento. Por todas partes se producen allí milagros; anda vagando un demonio, una ondina se balancea en las ramas… Y en los senderos ocultos se ven huellas de animales nunca vistos… También hay una casita con patas de gallina, y no tiene puertas ni ventanas. Allí cada bosque y cada valle albergan innumerables fantasmas. Allí, al rayar el alba, cuando las olas empiezan a rodar por las riberas arenosas. surgen de las límpidas aguas treinta y tres hermosos héroes, capitaneados por el Tío Mar… Allí un joven príncipe vence y hace prisionero a un zar temible… Allí, a la vista de todos, rapta un brujo a un héroe esforzado y, subiendo con él a las nubes, vuela sobre bosques y mares… Allí, encerrada en una celda, llora una zarina, a la que sirve con fidelidad un oso pardo… Allí camina por sí sólo un mortero junto a la bruja Yaga. Allí el zar de los brujos, el Brujo-Inmortal, tiembla por su oro… Allí reina el espíritu ruso… Todo sabe a Rusia allí.Allí estuve yo… Bebí dulcísimo hidromiel, vi aquel roble, y tambie´n a su sombra, al gato sabio, que me contó buenos cuentos de los suyos. Y uno de ellos lo recuerdo, y voy a contarlo ahora al mundo entero…

Así comienza este cuento de  Alexander Pushkin. Un comienzo maravilloso y misterioso. Es increíble como con unas pocas palabras se pueden despertar tantas imágenes en nuestra cabeza. Un gato atado con una cadena de oro que cuando corre a la izquierda se pone a contar un cuento, una casita con patas de gallina, una princesa que tiene como sirviente a un oso pardo,... Esta es la verdadera magia, la magia de las palabras. En este caso la magia rusa de las palabras.